viernes, 19 de diciembre de 2014

El Hobbit: conclusiones de una trilogía

Han pasado dos años del tan esperado regreso de la Tierra Media a los cines, dos largos años en los que hemos vuelto a recordar aquella épica aventura que una década atrás se convirtió en una de las historias más legendarias que el cine ha contado, y que es y seguirá siendo la referencia indiscutible para el género fantástico.

Hay dos maneras en las que se puede analizar la trilogía de El Hobbit: comparándola con El Señor de los Anillos, o, la opción más difícil, porque las constantes referencias te obligan a recordarla, verla como un filme independiente del anterior. Con su conclusión, La Batalla de los Cinco Ejércitos, volvimos a rememorar otras dos batallas que cualquiera que haya visto tendrá marcado en la memoria, las de el Abismo de Helm y Minas Tirith (también podríamos mencionar la de la Puerta Negra pero no es lo mismo). Visto así, aunque la susodicha Batalla de los Cinco Ejércitos esté a un nivel considerablemente inferior, al menos puede resistir con cierta dignidad las comparaciones. El 'problema' es casi todo lo demás.
Partiendo de que El Hobbit me ha parecido una muy buena película dentro de su género, que visualmente es magnífica, la historia entretenidísima y, bueno, que Smaug tiene sus buenas dosis de protagonismo, y del hecho de que el material que adapta es muy diferente, no puedo decir que me haya decepcionado, pero sí que esperaba algo más. Un ejemplo es el tratamiento visual, que en El Hobbit huele demasiado a CGI (como les pasa de hecho a gran parte de los blockbusters realizados en los últimos cinco años), mientras que en El Señor de los Anillos tenían un aspecto más natural. Otro, los cambios que se han hecho con respecto a las novelas, más interesantes y creíbles en la historia de Frodo y el Anillo (el romance entre Tauriel y Kili o como se llame el enano está metido con calzador).

Otro punto, y en este caso achacable en gran medida al libro, es que el argumento de El Hobbit carece de esas altísimas dosis de épica, de historia legendaria, que era tan natural en El Señor de los Anillos. Y es que además creo que el fallo más importante de Peter Jackson al hacer esta película ha sido el de no intentar seguir un camino diferente, empeñarse en emular a su predecesor y no seguir haciendo lo que entrevimos en la primera entrega (por poco que me guste), una historia más cercana a lo que escribió Tolkien.
Una vez terminada la trilogía mi conclusión es que en dos películas lo podrían haber hecho incluso mejor que en tres, pero sinceramente, y pese a todos los inconvenientes que he mencionado, no pienso que este regreso a la Tierra Media haya sido un error, y que hay que tener en cuenta la dimensión de su hermano mayor. Lo mejor de todo: Smaug, que en el final de la segunda película y los primeros minutos de la tercera nos regala las escenas más impresionantes de la trilogía y el que podemos proclamar como el mejor dragón que nos ha dado el cine hasta el día de hoy.


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