domingo, 14 de diciembre de 2014

Cuando el cine se sirve crudo

No sé si os habréis fijado, o al menos sois conscientes, en que la mayoría de los dramas puros que llegan a los cines en la actualidad no hacen otra cosa que tratar un tema de tal forma que el espectador termine sintiendo pena de sus personajes y se solidarice con ellos en mayor o menor medida. La forma de hacerlo suele ser creando una conexión emocional lo más directa y sencilla posible. ¿Y cómo se consigue eso? Diálogos y escenas emotivas que exprimen las glándulas lagrimales, bandas sonoras preciosas, historias con una altísima carga sentimental. A veces mostrándonos imágenes duras. Pero este patrón se repite una y otra vez, y lo hemos visto decenas de veces incluso fuera de este género.
Si digo todo esto es porque, como siempre, hace unos pocos días ví una película que me hizo plantearme la pregunta de sí es obligatorio y/o necesario hacer dramas con los elementos que he mencionado antes. Aunque hay otros, "Lilya 4-ever" es un filme que salta estos límites y lo hace restregándonos en la cara una de las historias más duras y sobre todo más crudas que he visto en mucho tiempo, y sacando a la luz un asunto del que aunque se hable de vez en cuando en los medios no es para nada habitual.

Resumido en pocas palabras, "Lilya 4-ever" es el relato de las constantes desventuras de una joven rusa de 16 años, que abandonada por su madre se ve obligada a prostituirse para poder comer y termina siendo engañada y llevada a Suecia para caer en las manos de un proxeneta. Nada más. Visto así no es nada muy novedoso, porque lo que importa no es tanto el contenido como la forma de contarlo, absolutamente carente de piedad.
No sé vosotros, pero yo sinceramente prefiero ver una película que tal y como hace el director sueco Lukas Moodysson te presenta una realidad despellejada de forma hasta cruel (porque el filme en muchos momentos lo es), que otra en la que se adorna con lucecitas de colores, con un final feliz y que parece con miedo de ir más allá. "Lilya 4-ever", sin ser una obra maestra, es una película enormemente valiente, directa y ante todo cruda, crudísima. No diré que sea imprescindible, pero sí muy recomendable.

PD: y ya que estoy, recomiendo también otra película del mismo director, "Fucking Amal", bastante peor, pero también muy interesante.


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