martes, 16 de abril de 2013

Oblivion


Hacía tiempo, concretamente, creo recordar, desde "Looper" que no salía tan plenamente satisfecho del cine tras ver una película, como he estado después de Oblivion. Y eso que entre ambas hemos tenido títulos como "Skyfall", "El Hobbit" o "Django Desencadenado", pero la de Peter Jackson no me convenció del todo y las otras dos, aunque sin duda muy buenas películas, no ganan tanto como esta en la gran pantalla.


Como habrán comprobado los que hayan leído mi blog, mis gustos cinematográficos son, en cierto modo, peculiares. Para que me guste una película tiene que tener una de estas cosas (o dos de ellas. O si están las tres, mejor): una calidad visual impactante, una historia entretenida y/o un guión de calidad. Oblivion es, para mi gusto, casi perfecta, porque cumple con dos de estas reglas, y la tercera solo a medias, pero me basta. Por lo tanto, qué mejor manera de analizar esta película que estudiando cada uno de estos puntos por separado.


En primer lugar, lo visual es lo mejor de la película. Y no es solo porque tenga imágenes espectaculares ni por sus efectos especiales (que, por cierto, aunque muchos no se lo crean, tiene relativamente pocos). Si fuese así, "Avatar" me habría parecido un peliculón, y no es así. La clave de esta calidad visual es por que encajan con la película. A la perfección. Los (numerosos) planos aéreos, que en otras películas terminan siendo cansinos o quedan fuera de lugar, aquí, no desentonan en absoluto, sirven para mostrar la desolación reinante en el planeta, el estado de destrucción en que se encuentra. De hecho, esa es la razón principal por la que ver Oblivion en el cine te deja tan buen sabor de boca. Porque es difícil que te arrepientas de pagar el dineral que cuesta ya una entrada después de dos horas de caviar visual. Oblivion es un festival visual. Y luego, también hay que tener en cuenta el resto del diseño de producción, las plataformas elevadas a miles de metros, las gigantescas máquinas procesadoras de energía, los vehículos. Y el diseño de los interiores, que recuerdan mucho a la anterior obra del director Joseph Kosinski, "Tron: Legacy" (que, por cierto, es muy inferior a Oblivion; lo que hace la influencia de Disney).


Con respecto al argumento, resulta entretenido de principio a fin. Tiene el gran acierto (para mi, por lo menos) de revelar los enigmas poco a poco, lo que te hace darle vueltas a la cabeza en mitad de la película y preguntarte: '¿Cómo ha llegado esta persona hasta aquí?', '¿ Por qué tal personaje se comporta de esta forma?', o '¿Qué importancia tiene ese detalle en la trama?'. Es más compleja de lo que se puede pensar al ver el traíler y no abusa de las escenas de acción. Ah, y no se hace larga.


El guión, como suele ocurrir en este tipo de producciones, es lo más flojo, pero en realidad los fallos que tiene Oblivion no tienen tanto peso como para lastrar el resultado final. Eso sí, al final le pasa factura su complejidad, ya que deja algunas incógnitas y no profundiza del todo a ciertos personajes. Pero, como he dicho, la película tiene da tantas vueltas que la mayor parte de estos fallos y errores no son perceptibles en el momento. El mayor fallo que le veo es la escena final, pero como solo dura un minuto... (¿Qué cojones pinta la niña ahí?)


Mención aparte, el reparto, con luces y sombras. Por un lado, el trabajo de un gran Tom Cruise, que reafirma su buen momento de forma después de varios años difíciles. Tiene algunas escenas realmente buenas. Luego tenemos a la gran sorpresa de esta película, Andrea Riseborough, una actriz casi desconocida a nivel internacional y que aquí aguanta el tipo a las mil maravillas ante todo un coloso del séptimo arte como es Cruise. Casi le hace sombra a Olga Kurylenko, con un personaje fundamental pero que a ratos flojea un poco. Sin embargo, me ha parecido más consecuencia del guión que de su propia interpretación. En el otro extremo de la balanza, tenemos a Morgan Freeman y Nikolaj Coster-Waldau (parece que está aprovechando el tirón de "Juego de Tronos" para ir haciéndose un nombre en la gran pantalla). A ambos, actores cuya capacidad interpretativa está fuera de toda duda, les ocurre algo similar que a la actriz ucraniana, pero a mayor nivel. Sus personajes están demasiado desaprovechados, no se les ha sacado partido y da la impresión de que se les ha dado el papel para dar más caché a la película, especialmente en el caso de Coster-Waldau, cuyo personaje no tiene prácticamente profundidad y que apenas goza de minutos en pantalla. En su favor diré que tampoco se les echa de más.


En resumen, a pesar de sus lagunas, Oblivion me ha dado una muy grata sorpresa, me ha parecido una película muy conseguida en casi todos los aspectos, que da con creces lo que, al fin y al cabo, se busca cuando se va al cine: entretenimiento puro y duro. Pero, lo repito, es casi  imprescindible verlo en pantalla grande.


Mi puntuación:


Notable alto, y bien merecido. Incluso le pondría un sobresaliente de no ser por sus lagunas.




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